Los orígenes de la educación sexual

Para entender lo que está ocurriendo en la actualidad, no sólo es necesario conocer los fundamentos pseudo-filosóficos y anticientíficos de la ideología de género, sino también su contexto histórico y los oscuros personajes detrás de la educación sexual.

En el año 1904, Estados Unidos, en pleno decaimiento moral, sufría una pandemia de enfermedades de transmisión sexual (ETS), especialmente la sífilis y la gonorrea. Parece sacado de una novela de ciencia ficción. Se calcula que entre el 50 y el 75% de los hombres estadounidenses estaban infectados con una ETS. En miles de familias en esos años, algún tipo de ETS mató a uno, dos, e incluso cinco de sus hijos; y el 30% de los casos de ceguera se atribuían a alguna ETS. Se entiende entonces por qué la transmisión de ETS era una preocupación urgente de salud pública y de seguridad nacional, tan grave, de hecho, que un soldado era juzgado por una corte marcial si se descubría que estaba infectado.

La situación empeoró durante la Primera Guerra Mundial. Muchos de los jóvenes que fueron a la guerra, se encontraron de repente lejos de los ojos vigilantes de la familia y libres para disfrutar de lo que muchos consideraban una “necesidad sexual” masculina. Como resultado, se calcula que la mitad de los soldados adquirieron una ETS, lo cual afectó gravemente al ejército en ciertos enfrentamientos en los cuales muchos de sus soldados agonizaban de sífilis en las trincheras. Fue esta crisis de seguridad nacional la que provocó el nacimiento de la educación sexual pública en los Estados Unidos, que luego se extendería a todo el mundo.

La problemática que rodea al tipo de educación sexual que se debe dar a nuestros hijos no es nada nueva, es más, hace más de 100 años que está sobre el tapete. Incluso muchos de los argumentos que se emplean hoy y las soluciones para imponer o combatir elementos ideológicos en la ESI ya se esgrimían desde los comienzos: el argumento de la libertad sexual, el cual propone el enseñar cómo eliminar riesgos, y la propuesta de la castidad y abstinencia como mejor método preventivo, presentando las consecuencias nefastas y muchas veces mortales del sexo desordenado.

Si bien no se introdujo la ESI inmediatamente en las escuelas, ya en 1915 el Servicio de Salud Pública distribuía folletos en los que abogaban por la abstinencia hasta el matrimonio y la fidelidad dentro del matrimonio, con el fin de combatir el declive moral en la cultura estadounidense, ya que estaban en juego la salud pública y la seguridad nacional. Es así que se unieron médicos, el clero, promotores de derechos universal al sufragio, trabajadores de salud pública, académicos y ciudadanos para ponerle fin al hipócrita “doble estándar sexual”, según el cual se amonestaba a las jóvenes que quedaban embarazadas o perdían su virginidad antes del matrimonio, pero se excusaba a los jóvenes con el falso argumento que tenían una “necesidad sexual” que no podía ser contenida por el voto matrimonial. Y es así que comienza el primer tema polémico en la educación sexual moderna: cómo eliminar el doble estándar.

Como parte del programa de concientización, el Servicio de Salud Pública distribuía folletos que mostraban niños nacidos con graves defectos congénitos causados por la sífilis, y los efectos en mujeres infectadas por esposos que visitaban el burdel local antes de regresar a sus hogares. Los defensores de esta política argumentaban que la restricción sexual tendría un efecto positivo en otros males sociales, como la prostitución, el alcoholismo y la inestabilidad familiar.

Sin embargo, aunque la gran mayoría abogaba por el fin del doble estándar y favorecía la restricción sexual, algunas voces provenientes de culturas subterráneas presentaban una solución diferente: la expresión sexual no debería ser limitada por el acuerdo formal de matrimonio. Si los hombres podían disfrutar del sexo libremente, las mujeres también deberían gozar de esa misma libertad. Es aquí que el feminismo comenzó a tomar un carácter radical, especialmente en la voz y pensamiento de Margaret Sanger (1879–1966), fundadora de Planned Parenthood (la entidad abortista más grande del planeta), la cual dio inicio a la primera revolución sexual en 1920. Este feminismo, como ya vimos en otro artículo (ver aquí), abogó por el control de la natalidad de tal manera que las mujeres pudieran disfrutar del sexo sin la preocupación del embarazo. Margaret Sanger y Katharine Dexter McCormick de hecho financiaron las investigaciones para lograr lo que fue luego conocido como “la píldora”, reclutando al investigador de esteroides Gregory Pincus. Éste realizó cantidad de experimentos mortales en Puerto Rico, Haití y México inyectando hormonas sintéticas en mujeres presas, internadas en establecimientos psiquiátricos y prostitutas para así prevenir la ovulación, la fertilización y la implantación de un óvulo fertilizado.[1] ¿Por qué no realizó los experimentos en USA? Porque hubiese ido a la cárcel debido al carácter experimental y mortal de su investigación.

Sanger no ignoraba para nada los efectos que el “sexo casual” pudiese tener en los inocentes, los niños, y las consecuencias que esta libertad sexual en la estabilidad familiar y la salud de la sociedad. Esta cruzada encajaba de lleno con el plan marxista de subversión sexual predicado por el feminismo radical de Simone de Beauvoir. Ésta es la razón por la cual Planned Parenthood no sólo ha abogado desde los comienzos por el derecho al aborto y los “derechos reproductivos” de la mujer, sino también por la educación sexual. Estos temas están íntimamente conectados. Nótese de paso como se disfraza esta política de muerte como “derecho” y “educación”. Caso eximio de “sepulcros blanqueados”.

En el mundo científico, estas afirmaciones fueron “confirmadas” por el zoólogo Alfred Kinsey, charlatán y pedófilo confeso, quien en 1948 publicó la obra Comportamiento sexual en el hombre.[2] Kinsey sostuvo que la mayoría de los hombres y mujeres no son monógamos, sino mas bien seres sexuales que responden sexualmente desde el nacimiento, como según pudo observar al abusar y ser testigo de cientos de abusos de niños, cuyas características anotaba minuciosamente. Además, sostuvo que el 10% de los hombres son homosexuales y el 20% han practicado la homosexualidad, que el bestialismo es un comportamiento bastante común (de hecho, él practicaba la zoofilia), y que “el celibato, el matrimonio, la castidad y el ascetismo son “perversiones culturales”.[3] Por esta razón, el movimiento detrás de la ideología de género comenzó a presionar por la educación sexual en las escuelas.

Estas ideas precipitaron la llamada segunda “revolución sexual” en los años 60’ y 70’, en la cual se normalizó la idea del sexo premarital, exacerbado por la disponibilidad de la píldora y el aborto para cubrir las consecuencias obvias del sexo. Sin embargo, los nacimientos fuera del matrimonio se duplicaron entre 1960 y 1970, y las enfermedades de transmisión sexual aumentaron un 165 por ciento entre 1967 y 1971. ¡Vaya la seguridad predicada por los ideólogos! ¿La solución? Más educación sexual, afirmando la libertad, y promoviendo el sexo “seguro”. Es así que organizaciones extremistas como SIECUS (siglas en inglés de Consejo de información y educación de la sexualidad de los Estados Unidos) recibieron millones de dólares bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson (1963-1969) para diseñar programas de educación sexual en las escuelas que promoviesen la sexualidad “segura”. Es decir, en vez de aconsejar a los jóvenes a no tener relaciones sexuales debido a la cantidad de contagios de ETS, basaron los programas en las enseñanzas de Alfred Kinsey los cuales promovían la experimentación sexual como algo normal, esperado y saludable.

No fue hasta comienzo de los 80’ que programas que promovían la abstinencia fueron aceptados para la enseñanza en las escuelas de Estados Unidos, y esto debido a las miles de muertes causadas por la epidemia del SIDA, cuyos contagios eran muchas veces fruto del “sexo seguro”. Sin embargo, las cifras que recibían estos programas eran migajas comparado con aquellos programas que promovían el uso del condón como método más seguro. No es de sorprenderse que la institución que llevaba a cabo la distribución de profilácticos era la misma abortista Planned Parenthood. Según confesó Carol Everette, una de sus directoras, los condones eran además fallidos, por lo cual facturaban no sólo vendiéndole profilácticos al gobierno, sino también realizando los abortos fruto de la “falla” del condón.[4] Esta es una práctica que continua hasta la fecha: si uno va a pedir ayuda a una de estas clínicas subvencionadas por el gobierno, las píldoras tienen una dosis hormonal tan baja que no previene el embarazo, y los condones son de muy mala calidad, todo con la intención de que la mujer vuelva embarazada a hacerse un aborto: negocio redondo.

Fue así que a causa de la epidemia del SIDA que la educación sexual explotó en las escuelas, centrando su esfuerzo no en la abstinencia y la prevención, sino en el sexo “seguro”, con la distribución de condones y la educación respecto a su uso. El argumento para tal perspectiva era el de que “los jóvenes van a tener sexo igual, y por lo tanto es necesario que se protejan”… Este argumento no deja de escucharse hoy en día… además del “si no aprenden en la escuela, van a aprender en la calle”… como si la calle desapareciese en cuanto la escuela abre la boca.

Los promotores de la ESI actuales se llaman a sí mismos “progresistas” y luchan por los “derechos” sexuales de los jóvenes y niños, pero, sin embargo, sus argumentos son prácticamente los mismos que ya proclamaban las feministas radicales de principios del siglo XX. Los argumentos en contra de la abstinencia sexual son verdaderas reliquias del pasado, además de ser argumentos falsos y mortales, como lo demuestran las miles de muertes por SIDA y otras ETS adquiridas en actos de sexo “seguro”.

¿Pero cómo puede ser que, con la cantidad de muertes que han acarreado y lo inefectivo de sus propuestas, ese tipo de educación sexual integral se siga promoviendo en todo el mundo? Porque sus proponentes nunca bajaron los brazos, hasta el punto que hoy en día son las voces dominantes en la política, los medios de comunicación, y la educación.

Cuando el ébola explotó hace unos años, la práctica inmediata fue evitar todo contacto con el cadáver de sus víctimas. Al entrar a un país, la primera pregunta en todo aeropuerto era ¿estuvo en algún país afectado por el ébola en los últimos meses? Todo modelo de salud pública afirma que el mejor modo de evitar un contagio es evitando los riesgos. ¿Por qué entonces se toma el consejo contrario con respecto al VIH y toda ETS? Realmente la propuesta de la ESI es irracional desde todo punto de vista, principalmente el sociológico y médico.

Para ser parte integral y decisiva en el futuro de la educación sexual, debemos formarnos y entender de dónde viene todo esto. Ésta es condición necesaria no sólo para ganar la guerra de educación sexual, sino también para ayudar a los millones de jóvenes víctimas de la ideología de género que merecen mucho más que la mentira histórica de la “libertad” sexual y el “sexo seguro”.

®Pablo Munoz Iturrieta

[1] Cf. Kistner, Robert W., The Pill: Facts and Fallacies About Today’s Oral Contraceptives, New York, Delacorte Press, 1969; Raup, Christina, “The Birth Control Pill,” in Embryo Project Encyclopedia (2010); Snider, Sharon, The Pill: Thirty Years of Safety Concerns, FDA Consumer, 1990, 24.

[2] Kinsey, Alfred C., Clyde Eugene Martin, y Wardell B. Pomeroy, Sexual behavior in the human male, Philadelphia, W.B. Saunders Co., 1948.

[3] Cf. Panzer, R. A. y M. A. Mosack, The war on intimacy, Westwood, Center for Relationship Intelligence, 2009, p. 49.

[4] Bean, Doug, ‘Bloodmoney’: How the abortion industry really works, CL Maganize,  2011. https://clmagazine.org/topic/enemies-of-life/bloodmoney-how-the-abortion-industry-really-works/ 

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Artículos importantes sobre la ESI y la Ideología de Género:


El presente artículo está basado en mi próximo libro “Ideología de género y educación sexual”, el cual está basado en más de 800 artículos científicos sobre el tema. Los expertos consultados se cuentan entre las autoridades más importantes en el mundo científico en los campos de la genética, psiquiatría, endocrinología, epidemiología, epidemiología psiquiátrica, neurología, neurociencia, neuroinmunología, genética, biología, pediatría, medicina interna, y sociología. También han sido consultados multitudes de personas víctimas de la ideología de género, y sus testimonios trágicos verán por primera vez la luz en estas páginas. A ellos y sus familias van dedicadas estas páginas, porque debemos encontrar un camino para aliviar su sufrimiento.

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