El abuso sexual y la conducta LGBT

En el día internacional de la prevención de abuso infantil, me pareció compartir este artículo, basado en el libro a publicar prontamente sobre ideología de género y educación sexual.

De todos los factores que pueden influir en la conducta sexual de la persona, hay un factor concreto que aparece constantemente tanto en los estudios científicos sobre el tema, como en la practica profesional de psiquiatras y psicólogos: los abusos sexuales en la infancia. En el caso de la tendencia al mismo sexo, por ejemplo, el haber sido abusados sexualmente en la infancia es un factor que aparece con una frecuencia notablemente superior a todo otro elemento en las declaraciones de individuos que experimentan esta conducta. ¿Podemos afirmar con certeza que existe una relación entre abuso sexual, especialmente en la infancia, y manifestaciones posteriores de atracción, conducta e identidad sexual? ¿Podemos afirmar que el abuso a un niño incremente la probabilidad de una conducta sexual desordenada (una orientación no heterosexual, en la jerga popular)? Cantidad de estudios científicos se han abocado a responder esta pregunta, cuyos resultados comparto en esta sección.

Los psiquiatras McHuh y Mayer, quienes han estado estudiando la problemática por más de 50 años, y a los cuales debemos considerar entre los expertos más versados en el tema, afirman que como mínimo, debemos afirmar que hay una relación, la cual podría justificar una o más de las siguientes hipótesis:

  1. Los abusos pueden contribuir al desarrollo de una orientación no heterosexual.
  2. Los niños con tendencia no heterosexual (o con signos de una futura tendencia de este tipo) podrían atraer a potenciales abusadores, lo que los convierte en un grupo de elevado riesgo.
  3. Ciertos factores podrían contribuir tanto al abuso sexual en la infancia, como a ciertas tendencias no heterosexuales (entre estos factores, por ejemplo, se pueden enumerar el tener una familia disfuncional o padres alcohólicos).

McHugh y Mayer también insisten en que estas tres hipótesis no son mutuamente excluyentes. Es decir, es posible que incluso se den simultáneamente en un caso particular.[1]

Un dato interesante a tener en cuenta, especialmente porque los ideólogos del género culpan al “bullying” como la razón por la cual tantos transexuales se suicidan (el 41% en Estados Unidos), es el hecho de que hay un factor mucho más profundo de fondo. Aunque el “bullying” se reduzca a medida que se acepte socialmente la conducta homosexual, sin embargo está el hecho de que hay un numero altísimo de abusos sexuales el cual no ha variado. La prevalencia de abusos sexuales durante la niñez en grupos LGBT no ha cambiado “desde la década de 1990 hasta la década de 2000”.[2] Estos datos aportan pruebas importantes a la hora de considerar la hipótesis de que los abusos sexuales en la infancia puedan afectar la conducta sexual posterior. Por eso los psiquiatras McHugh y Mayer consideran que los abusos podrían ser un factor causal en el desarrollo de una determinada atracción y deseo no heterosexual y, al mismo tiempo, esta atracción, deseo y conducta no heterosexual incrementa en el individuo el riesgo de ser objeto de abusos, tanto sexuales como físicos.[3]  

En otro estudio realizado en los Estados Unidos en el año 2013, los psicólogos Judith Anderson y John Blosnich compararon las diferencias en experiencias infantiles adversas (familias disfuncionales, abusos físicos, sexuales o emocionales, y peleas entre los padres) entre adultos que se declaraban homosexuales, heterosexuales y bisexuales. Las personas con conducta homosexual y bisexual tenían tasas notablemente superiores a los heterosexuales en todos esos parámetros.[4] Esto nos muestra que las experiencias infantiles adversas pueden constituir un factor significativo en el desarrollo de conducta homosexual.  

En otro estudio de 2012 con 9884 personas, el psicólogo Brendan Zietsch y colegas concluían que “tanto en hombres como en mujeres se observaban tasas notablemente superiores de conducta no heterosexual en los participantes que habían sufrido abusos sexuales en la infancia y los que habían tenido un entorno familiar de riesgo en la infancia”.[5] De hecho, el 41% de los hombres no heterosexuales y el 42% de las mujeres no heterosexuales declaraban tener familias disfuncionales en la infancia, y el 12% de los hombres no heterosexuales y el 24% de las mujeres no heterosexuales declaraban haber sufrido abusos sexuales antes de los 14 años de edad.

La psicóloga Marie E. Tomeo y colegas, por su parte, notaban en un estudio del 2001 cómo el 46% de los hombres homosexuales y el 22% de las mujeres homosexuales declaraban haber sido abusados por una persona del mismo sexo durante la infancia, frente al 7% de los hombres heterosexuales y un 1% de las mujeres heterosexuales.[6] Otro elemento interesante es que el 68% de los hombres no se identificaron como homosexuales hasta después del abuso, y en el caso de las mujeres, la cifra era del 38%.

Estos y otros estudios muestran que de hecho hay una relación estadística innegable entre el haber sufrido abusos sexuales en la infancia y el experimentar conducta homosexual en etapas posteriores de la vida.[7] Ahora bien, la pregunta es: ¿hay de hecho una relación causal ente el abuso sexual infantil y la conducta homosexual posterior? La verdad es que, aunque haya varios estudios que apunten a que los abusos sexuales pueden tener una relación causal con distintas orientaciones sexuales no heterosexuales, es necesario realizar más estudios para poder dilucidar qué mecanismos biológicos y psicológicos intervienen en la conducta de la persona.

El abuso sexual perpetrado por un hombre podría tener el efecto de hacer creer al niño que es gay o, en las niñas, el que genere un rechazo al contacto sexual con hombres. Además, el abuso sexual sufrido en la infancia podría dejar un estigma en las víctimas, que a su vez las haría más propensas a tener comportamientos socialmente estigmatizados (como entablar relaciones sexuales con personas del mismo sexo). El abuso tiene efectos emocionales muy profundos en el niño, lo cual lo podría llevar en la edad adulta a conductas arriesgadas asociadas con el sexo con personas del mismo sexo o que la atracción y el tener parejas del mismo sexo pudieran ser el resultado de una necesidad de intimidad, y que se busque por medio de relaciones sexuales el reparar estados de ánimo deprimidos, estresados o irritados.

Por lo tanto, con normalizar la conducta LGBT por medio de la educación sexual no se ayuda a estas personas de manera verdadera, ya que requieren de acompañamiento psicológico para superar graves heridas que muchas veces fueron causadas en la infancia.

© Pablo Munoz Iturrieta

[1] Cf. Mayer, Lawrence S. y Paul R. McHugh, Sexuality and Gender, The New Atlantis, 2016, 50, pp. 42-43.

[2] Friedman, Mark S., Michael P. Marshal, Thomas E. Guadamuz, Chongyi Wei, Carolyn F. Wong, Elizabeth Saewyc, y Ron Stall, A meta-analysis of disparities in childhood sexual abuse, parental physical abuse, and peer victimization among sexual minority and sexual nonminority individuals, American journal of public health, 2011, 101, no. 8, p. 1490.

[3] Cf. Mayer y McHugh, Sexuality and Gender, p. 44.

[4] Cf. Andersen, Judith P. y John Blosnich, Disparities in Adverse Childhood Experiences among Sexual Minority and Heterosexual Adults: Results from a Multi-State Probability-Based Sample, PLoS One, 2013, 8, no. 1, p. e54691.

[5] Zietsch, B. P., K. J. H. Verweij, A. C. Heath, P. A. F. Madden, N. G. Martin, E. C. Nelson, y M. T. Lynskey, Do shared etiological factors contribute to the relationship between sexual orientation and depression?, Psychological Medicine, 2012, 42, no. 3, p. 526.

[6] Cf. Tomeo, Marie E., Donald I. Templer, Susan Anderson, y Debra Kotler, Comparative Data of Childhood and Adolescence Molestation in Heterosexual and Homosexual Persons, Archives of Sexual Behavior, 2001, 30, no. 5, pp. 535-541.

[7] También ver, al respecto el estudio de Helen W. Wilson and Cathy Spatz Widom, “Does Physical Abuse, Sexual Abuse, or Neglect in Childhood Increase the Likelihood of Same-sex Sexual Relationships and Cohabitation? A Prospective 30-year Follow-up,” Archives of Sexual Behavior, 2010, 39, no. 1, pp. 63–74.


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