El paraíso comunista matriarcal: ¡Abajo el Patriarcado!

Respuesta a la pregunta: ¿De dónde surge la idea del Patriarcado que emplean como slogan las feministas (¡Abajo el patriarcado!)?

Para entender la cuestión del odio al supuesto “patriarcado”, hay que remitirse al antropólogo norteamericano Lewis Morgan (1818-1881), quien sostuvo la teoría que la institución doméstica más antigua fue el clan matriarcal, en la cual la madre dominaba a sus hijos y a sus muchos hombres.[1] Su trabajo ejerció una gran influencia en la filosofía comunista de Marx y Engels, quienes inventaron el mito del “paraíso comunista matriarcal”. Fue basado en un libro de Morgan que Engels ahondó desde el materialismo dialéctico marxista la cuestión de la mujer y la familia en su El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884).

En su obra La Sociedad Antigua (1877), Lewis Morgan presenta la evolución del hombre y la sociedad desde el salvajismo hasta la civilización actual, haciendo hincapié en los cambios acontecidos dentro de la institución familiar. Su estudio, basado en una expedición que realiza a territorios indígenas en el oeste de los Estados Unidos, parte del presupuesto que estas sociedades no han evolucionado todavía, y nos muestran, en su salvajismo, los orígenes de la sociedad actual… La inmoralidad que nota en las tribus no es en realidad inmoralidad, sino un tipo de familia distinta: centrado en la madre, la cual tiene hijos con distintos hombres. Es decir, es simplemente un tipo de familia “distinta”. Morgan concluye que la familia monogámica es apenas un tipo de familia, la cual nace como reflejo de la aparición y el desarrollo de la institución de la propiedad privada. Antes de ella habrían existido esquemas familiares muy diferentes a los de hoy, como observó en sus viajes por territorios indígenas. Siguiendo sus estudios, Engels afirma: “El estudio de la historia primitiva nos revela un estado de cosas en que los hombres practican la poligamia y sus mujeres la poliandria y en que, por consiguiente, los hijos de unos y otros se consideran comunes”.[2]

Engels afirma (sin ningún fundamento histórico o antropológico), que la forma más antigua de matrimonio es el llamado “matrimonio por grupos”, en el cual cada hombre tenía muchas mujeres, y cada mujer muchos hombres. Incluso primitivamente los padres mantenían relaciones con sus hijos, y los hermanos entre sí. Pero luego sobrevino la exclusión: la primera exclusión moral fue la de las relaciones carnales entre padres e hijos, seguido por la exclusión de las relaciones entre hermanos.[3] ¡Es por eso que Agustín Laje nota que el feminismo lucha por la reivindicación del incesto y la pedofilia![4] Porque la propiedad privada y la moralidad destruyeron formas de familia salvajes, que sin embargo, al buscar imponerlas nuevamente, se las llama con el nombre de “progreso”.

Ahora bien, el problema que nota Engels es que en esas sociedades antiguas la descendencia se establecía exclusivamente por línea materna, ya que en esos “matrimonios grupales” sólo se tiene seguridad sobre sobre quién es la madre de cada niño. Para Engels, en esa comunidad primigenia y salvaje prevalecía la mujer: “la economía doméstica comunista significa predominio de la mujer en la casa lo mismo que el reconocimiento exclusivo de la madre propia, en la imposibilidad de conocer con certidumbre al verdadero padre, significa una profunda estimación de las mujeres. Habitualmente, las mujeres gobernaban en la casa; las provisiones eran comunes”.[5]

De esto surge la noción del matriarcado, el cual era un tipo de sistema comunista primitivo. ¿Qué pasó con este paraíso comunista matriarcal? Como la descendencia se establecía por la madre, los hijos heredaban entonces de la madre, no de su padre (el cual era desconocido). De esa manera, Engels concluye ilógicamente que el hombre aumentaba de esta manera sus riquezas (¡como si este no muriese tampoco!), lo cual le permitió de a poco empezar a modificar también la forma en que se establecía la línea de descendencia y, por tanto, el derecho de herencia (esta es la razón por la cual el comunismo abole la herencia, y en países socialistas se le impone un impuesto tan alto que termina en manos del estado). Según Engels, esto fue dando origen a la nueva familia, ya que, al aumentar su riqueza, el hombre fue tomando preeminencia sobre la mujer. Esto generó un caos social, ya que cae el matriarcado. Y afirma Engels: “Resultó de ahí una espantosa confusión, la cual sólo podía remediarse y fue en parte remediado con el paso al patriarcado”.[6]

Es decir que la aparición de la propiedad privada derroca al “paraíso comunista matriarcal” y nos trae el régimen de dominación masculina: el patriarcado. Por eso afirma Engels que: “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción”.[7]

El feminismo radical recurre constantemente a la idea del patriarcado usando terminología marxista. Y no están erradas desde el punto de vista ideológico ya que para Marx y Engels, de hecho,  la lucha de clases tiene su origen en la propiedad privada que constituye la familia. Por eso, la familia representa una lucha interna que tiene una consecuencia social, como afirma Engels: “El hombre es en la familia el burgués; la mujer representa en ella al proletariado”.[8] Es por eso que la lucha de sexos y lucha de clases tienen origen en la propiedad privada, y deben en consecuencia unirse para acabar con el sistema que reproduce la dominación de las partes subalternas claramente identificadas: mujeres y obreros. Como resume magistralmente Agustín Laje:

El mito funciona de manera más que sencilla: se construye una antropología de ficción donde las condiciones de existencia son un reflejo de nuestros deseos de un mundo perfecto, se busca a continuación un chivo expiatorio que provocó la “caída”, y se plantean los conductos a través de los cuales es factible volver hacia atrás pero yendo presuntamente para adelante (de ahí que, paradójicamente, se digan “progresistas”).[9]

La lucha contra el supuesto “patriarcado”, entonces, constituye una etapa de la revolución violenta que va a acabar finalmente con la propiedad privada y con la familia como institución social, pues éstas son para Engels el germen del mal: “La liberación de la mujer exige, como condición primera, la reincorporación de todo el sexo femenino a la industria social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad”.[10]

®Pablo Munoz Iturrieta, PhD

[1] Cf. Morgan, Lewis, Ancient Society, New York, Henry Holt and Company, 1877.

[2] Engels, Friedrich, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, La Plata, De la Campana, 2011, pp. 28-29.

[3] Cf. Ibid., p. 34.

[4] Cf. Marquez, Nicolás y Agustín Laje, El libro negro de la nueva izquierda: Ideología de género o subversión cultural, Buenos Aires, Unión Editorial, 2016, p. 38.

[5] Engels, Friedrich. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, pp. 43-44.

[6] Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, p. 51.

[7] Ibid.

[8] Ibid., p. 66.

[9] Marquez y Laje, El libro negro de la nueva izquierda, p. 40.

[10] Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, p. 66.


El presente artículo está basado en mi próximo libro “Ideología de género y educación sexual”, el cual está basado en más de 800 artículos científicos sobre el tema. Los expertos consultados se cuentan entre las autoridades más importantes en el mundo científico en los campos de la genética, psiquiatría, endocrinología, epidemiología, epidemiología psiquiátrica, neurología, neuroinmunología, genética, biología, pediatría, medicina interna, y sociología. También han sido consultados multitudes de personas víctimas de la ideología de género, y sus testimonios trágicos verán por primera vez la luz en estas páginas. A ellos y sus familias van dedicadas estas páginas, porque debemos encontrar un camino para aliviar su sufrimiento.

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