Curso de formación y crecimiento personal (6)

¿Cómo formar los sentimientos por la virtud de la ecuanimidad? La formación de los sentimientos no se trata de una labor represiva, sino de algo totalmente positivo: El mejor medio para la formación de los sentimientos es el orientarlos habitualmente hacia nuestro ideal, el ponerlos al servicio de nuestros propósitos, deber de estado, hacia nuestra meta.

Claves para lograr el éxito en esta virtud

  • Conocer cuáles son nuestros estados de ánimo más frecuentes.
  • Hacer nuestras labores con responsabilidad cuando hay que hacerlas sin preguntarnos si tenemos ganas o no, si nos gustan o no.
  • Cuando dialogue y opine acerca de mi punto de vista sobre algo, hacerlo con serenidad, sobre todo cuando algo nos disgusta.
  • Ser siempre respetuosos en nuestras respuestas a los demás, controlando las reacciones de enojo, desagrado, etc.
  • Vivir con espíritu positivo. Darle a cada problema una solución
  • Sonreír siempre
  • Vivir la generosidad: hay que salir de uno mismo, buscando primero los demás y después yo.

Cómo formar a nuestros hijos en la ecuanimidad

  • Dedicar tiempo a explicar qué cosa son los sentimientos. Además hay que enseñar a llamar las cosas tal como son, de tal manera que uno reconozca los estados de ánimo, o movimientos pasionales: estoy nervioso, me siento ansioso, rebelde; estoy alegre, optimista; siento compasión o cobardía, soy caprichoso, etc.
  • Ayudar al hijo a ver en qué situaciones reacciona de una manera determinada (positiva o negativamente) y que lo acepte. La clave aquí es el saber mostrar el desorden de modo efectivo, con caridad, mostrando de que se quiere el bien de la persona, y por otro lado el percibir esa aceptación, no sólo en las palabras sino por sobre todo en la práctica, ya que sólo cuando se reconoce un defecto es que se puede comenzar a trabajar efectivamente en él.
  • El padre debe aprovechar los sentimientos positivos y ordenados del hijo, porque es así como se alcanza la integridad personal, y proporcionar los medios para que el hijo se desarrolle personalmente: la compasión, el deseo de ayudar a los demás, de enseñar, de estudiar, de realizar ciertas tareas, etc. Pero también hay que tener en cuenta que esto no sea movido por el capricho, lo que se manifiesta en la docilidad del hijo al aceptar la decisión del padre. 
  • También hay que ayudar a encauzar los sentimientos negativos, orientándolos al objeto propio: disgusto por el pecado, cosas mundanas, tristeza por el pecado, etc.  
  • Probar a los hijos, especialmente en las virtudes de la fortaleza, la generosidad, la paciencia, la perseverancia, y la necesidad, ya que según Santo Tomas de Aquino, es el gozo vivido en medio de la dificultad y tribulaciones lo que manifiesta la ecuanimidad del alma.[1]
  • Los padres deben cuidarse mucho de no manifestar delante de los hijos sus estados de ánimo negativos.
  • Enseñarles a ceder ante los demás y a trabajar en equipo, aceptando los puntos de vista de los otros. Por eso hay que prestar atención a cómo trabajan en equipo y el modo en que tratan a sus hermanos.
  • En el diálogo, enseñar que ante un sentimiento negativo, uno debe poner por delante los principios y motivaciones que dan sentido a la vida.

[1] Cf. Tomás de Aquino, Super Sent., II, d. 21, q. 1, a. 3 ad 1; III, d. 31, q. 1, a. 3, ad 5; d. 33, q. 3 ,a. 3, qc. 1, ad 3; S. Th. II-II, q. 184, a. 7, ad 1; III, q. 40, a. 2, ad 1; De perfectione, cap. 18; Catena in Mt., cap. 11, l. 6; Catena in Lc., cap. 7, l. 5; Super Rom., cap. 14, l. 2. 

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