El reporte ideológico de la Asociación Americana de Psicología contra la masculinidad y el hombre

Es lamentable que la Asociación Americana de Psicología (APA) ha cedido nuevamente a la presión ideológica del marxismo cultural, afirmando sin ningún fundamento real que “la masculinidad tradicional es psicológicamente dañina”.[1]

El informe, supuestamente basado en 40 años de investigación, señala que la mayoría de los homicidios son cometidos por hombres, que el hombre es mucho más propenso a suicidarse que la mujer, que el hombre es más propenso a participar en comportamientos “arriesgados” y que en promedio viven cinco años menos que las mujeres. Ahora bien, el factor ideológico central de la tesis es que el informe culpa en parte a las “rígidas normas de género y las nociones tradicionales de masculinidad”, instando a los psicólogos, como solución, a alejar a los hombres y niños de la noción tradicional de lo que significa ser “hombre” y “varón”. Uno de los autores del informe, Ryon McDermott, incluso afirma que el género “ya no es el binario masculino-femenino” y se distingue de la “orientación sexual”.[2] En definitiva, se insta a olvidar la distinción hombre/mujer por ser supuestamente una construcción cultural, siendo que tal distinción tiene un profundo fundamento biológico y genético y a la vez se introduce una noción puramente ideológica tal como la de “orientación sexual”.

No sin razón el reporte ha sido duramente criticado por algunos de los psicólogos más renombrados del momento, tales como Jordan B. Peterson y Gad Saad, ambos de Canadá. Lamentablemente, activistas poseídos por una ideología puramente política y sin fundamento científico se han infiltrado dentro de esta asociación (la APA) y la quieren convertir en una agrupación política en favor del marxismo cultural, del feminismo radical y de la ideología de género, olvidando que la razón de ser de la Asociación es puramente científica y ordenada a agrupar a los investigadores del campo de las ciencias psicológicas.

Si bien en los últimos días el informe ha sido ampliamente rechazado y criticado en muchos sectores y por grandes autoridades en el campo de la psicología y psiquiatría, existe el peligro real de que su contenido se convierta en “ciencia aceptada” con el pasar del tiempo y sus recomendaciones y directrices se incorporen en instituciones educativas y distintos programas de educación afectando a miles de niños, quienes son el futuro de la humanidad.

Hay gran cantidad de niños varones que por distintas circunstancias de la vida no viven con su padre. Estos niños van a la escuela y generalmente no encuentran un modelo de “hombre” a quien imitar, ya que en general las instituciones educativas están dominadas por la mujer (¿Pero no era que había tanta desigualdad?). Para colmo de males, el varón tiende a ser brusco, jugar de modo agresivo y demás, por lo que estas actitudes propias del varón son vistas no como fuerzas que hay que educar y guiar, sino como un problema a resolver suprimiendo estas actitudes (nada más erróneo al respecto). El resultado es que se termina castigando la naturaleza del varón desde que suena el timbre hasta el final del día y por eso a tantos niños les va mal en la escuela… El programa de Educación Sexual Integral de Argentina, por ejemplo, alientan a las maestras de jardín de infantes a no permitir que los varones se entablen en juegos tradicionalmente masculinos, tales como jugar con los autitos…[3] El reprimir los rasgos psicológicos propios del niño y las conductas consecuentes no solo es psicológicamente dañino, sino que ¡no es educación!

Una cosa que los psicólogos autores del reporte ignoran (lo cual los descalifica como tales), es que el varón suele involucrarse en conducta peligrosa y arriesgada porque es propio del varón el vencer el peligro. Si un niño quiere aprender a patinar o subirse a una patineta, la madre puede venir y cubrirlo con un casco, ponerle protección en cada parte de su cuerpo y estar a su lado para que no se lastime, pero eso arruina la experiencia… El varón no quiere sentirse “seguro”. El varón quiere ser “capaz” de hacer algo, y es esa capacidad adquirida lo que lo va a hacer más seguro que nunca. Y el niño lo sabe: se da cuenta que la práctica lo va a llevar al dominio y una vez que domine la situación se sentirá más seguro que nunca. Y allá irá a buscar un nuevo desafío…

Habiendo nacido y crecido en la montaña, en un valle rodeado por las cimas más altas del hemisferio occidental, nuestros juegos de niños eran lo más extremo que se puedan imaginar. Era un ambiente ajeno a toda ideología, donde el realismo más craso se imponía sin cuestionamientos. No teníamos TV ni una “Play Station” para perder horas. En cambio, íbamos a explorar colmenas que encontrábamos en el bosque (y volvíamos llenos de aguijones pero contentos por la miel que recolectábamos), cazábamos patos con piedras lanzadas por nuestras manos, sacábamos truchas de ríos violentísimos y que no perdonaban si uno tropezaba y, como si fuese poco, nos adentrábamos pared arriba por rocas verticales que de solo verlas daban vértigo. Nuestras bicicletas rasguñaban los extremos de senderos al borde del abismo y, más de una vez, subíamos pendientes agudas después de un desbarranco aterrador (que por esas cosas de la anatomía humana nunca terminaron en tragedia). En esas épocas nos aventurábamos a hacer cosas que nuestros padres ni imaginaban. Y aún estamos vivos, no porque nuestras madres nos sobreprotegieron, sino porque confiaban que el varón tiene una capacidad innata a superarse a sí mismo y que con esa naturaleza no se juega. Tenemos muchos defectos seguramente, pero no somos afeminados, eso se los aseguro.  

En contraposición con mi niñez casi salvaje, me tocó ver en la ciudad de Toronto, Canadá, un hecho que me llenó de indignación al ver cómo los ideólogos implementaban sus ideas erróneas sobre los niños. Hace unos años desaparecieron de todos los parques públicos todos los juegos para niños (columpios, escaleras, barras, etc.)  porque el gobierno de la ciudad temía que los niños se lastimasen… Por más de un año se perpetuó esta situación. Lo que los ideólogos no se dan cuenta, es que en cuanto algo se vuelve “demasiado seguro”, los niños pierden su interés en ese juego o lo empiezan a usar de un modo para el que no fue designado… El niño necesita estar expuesto a cierto peligro porque sino se aburre. Es como ponerle rueditas a la bicicleta y andar así de por vida… Yo recuerdo que no quería rueditas en mi bicicleta. Quería sufrir cada golpe como recordatorio de que debía aprender a balancearme.  

El niño no busca minimizar el peligro, sino optimizarlo, es decir, sacarle el máximo provecho para así vencerse a sí mismo, aprender una habilidad nueva y, de paso, disfrutar en el intento. El niño necesita desafiarse a si mismo para poder desarrollarse. Esta es la clave: sin desafío el niño no crece. Por eso, si sobreprotegemos al niño, este se va a dar cuenta de que no hay desafío por delante y le va a dar vueltas a la cosa para volverla peligrosa de una manera u otra. Esa es la razón por la que uno de los peligros más grandes en la educación que el niño recibe en el hogar es la “madre sobreprotectora”. ¿Por qué? Porque este tipo de madre teme que su hijo sufra y por lo tanto lo resguarda de todo peligro. El resultado será un niño débil, inseguro, sin confianza y que sucumbirá ante cualquier obstáculo en la vida. La buena educación apunta a fortalecer al niño exponiéndolo a ciertos peligros y desafíos (de acuerdo a la edad) para que desarrolle sus fuerzas físicas y psicológicas para poder superarlo. La pregunta para toda madre, entonces, es ¿quieren criar hijos protegidos o hijos fuertes? Porque no se puede dar lo segundo si se elige lo primero. Además, todo padre y madre debe ser consciente y aceptar que no pueden proteger totalmente a sus hijos de los peligros del mundo contemporáneo (drogas, alcohol, pornografía, etc.), salvo que lo encierren en una torre en aislamiento total. En ese caso extremo, la madre sobreprotectora simplemente sustituye esos peligros por sí misma, convirtiéndose en una pesadilla para sus hijos (de hecho los jóvenes detestan a madres “controladoras”).[4] ¿Qué hacer? Educar previniendo y fortaleciendo a sus hijos ante los peligros que los acechan, de tal manera que los principios morales correctos penetren la conciencia se hagan hábito en el modo de actuar del joven. Esto no es fácil y por eso los padres necesitan guía al respecto (estoy preparando un libro al respecto).

Volviendo al reporte contra la “masculinidad tradicional”, los autores afirman que esta masculinidad está “marcada por el estoicismo, la competitividad, el dominio y la agresión y esto es, en general, perjudicial”.[5] Es decir, según el reporte la masculinidad es producto de una construcción cultural impuesta: el “varón”, el “hombre”. Lamentablemente, este reporte no tiene en cuenta los rasgos psicológicos propios del hombre (los cuales son muy distintos a la mujer), la función de la testosterona en su desarrollo y comportamiento y el modo de actuar íntimamente relacionado a su biología. No podemos actuar contra la biología y la genética. Debemos actuar en su favor, guiando el crecimiento físico, psicológico y espiritual del niño según el modelo por excelencia de nuestra civilización occidental: “Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura (edad) y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2, 52).

Por último, este reporte es peligroso y dañino por estar alejado de la realidad. Toda madre se da cuenta de las diferencias innatas y enormes entre un varón y una nena. El problema es que este reporte desarrolla una serie de pautas (las cuales presentaremos en otros artículos) que, de ser implementadas, van a ser psicológicamente dañinas para el niño. Y para colmo de males, la mayoría de las universidades ya están tomadas por el marxismo cultural, por lo que no es de extrañarse que todos los años salga un batallón de psicólogos y psicopedagogos totalmente ideologizados con ideas que son verdaderas construcciones ideológicas y destructivas para el bienestar humano.

© Pablo Munoz Iturrieta 2019

[1] Rabinowitz, Fredric, Matt Englar-Carlson, Ryon McDermott et al. APA GUIDELINES for Psychological Practice with Boys and Men, (Washington, DC: American Psychological Association, 2018), p. 10. http://www.apa.org/about/policy/psychological-practice-boys-men-guidelines.pdf

[2] Ob. Cit., p. 6.

[3] Cf. Subsecretaría de Equidad y Calidad Educativa y Dirección Nacional de Gestión Educativa. Educación Sexual Integral para la Educación inicial, Buenos Aires, Ministerio de Educación, 2010, p. 18.

[4] Cf. Peterson, Jordan B. 12 Rules for Life: An Antidote to Chaos, 2018, p. 47.

[5] Rabinowitz et al., APA GUIDELINES, p. 11.

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5 Comentarios

  1. Siempre me queje en las escuelas primarias de mis hijos porque querían que los varones se portaran como nenas…! A uno de mis hijos lo llamaban “terrible” porque bajaba del tobogan con fuerza y cantaba con voz fuerte cuando iba al baño…
    Gracias a Dios encontramos un secundario psra varones…y su ser “terrible” se convirtio en un chico inquieto por aprender y con gran capacidad para desarrolkar tareas muchas horas al dia…tiene 17 años, va a la escuela 6;30 de ls mañana, termina 17 o 18 ha. Y ademas, por iniciativa de el, empezo a hacer cursos y talleres extra escolares que finalizan a las 22…
    Llega a casa a las 22:30 y encima a veces tiene ganas de jugar

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