El género: ¿perspectiva o ideología?

Hace unos días una maestra argentina me increpó por inculto, ya que, según ella, no es ideología sino “perspectiva de género”. Lamentablemente, ningún estudio científico o médico avala el hecho que podamos hablar de géneros como si fueran realidades constituyentes de la persona humana. No existe el heterosexual, o el homosexual, o el transexual… lo que tenemos son conductas con respecto a la sexualidad humana, pero esas conductas no nos constituyen como tales. Por eso es más apropiado, por ejemplo, decir que un hombre experimenta atracción hacia el mismo sexo, en vez de usar los términos “homosexual” o “gay”. Aquí, entonces, hablamos de conductas sexuales que pueden tomar distintas formas (de eso hablaremos más adelante).

Vayamos entonces a la “perspectiva de género”. ¿Qué es el género según esta ideología?

Una de las primeras en emplear el término “género” como una realidad diferente al sexo biológico fue la socióloga Ann Oakley, en su libro de 1972 Sexo, género y sociedad.[1] En 1975, la antropóloga Gayle Rubin expresaba una visión similar al escribir: “El género es una división de los sexos impuesta socialmente. Es un producto de las relaciones sociales de la sexualidad”.[2] Según Rubin, si no fuera por la imposición social del género, seguiría habiendo seres de sexo masculino y de sexo femenino, pero no existiría la “masculinidad” ni la “feminidad” o “lo masculino” y “lo femenino”, de tal manera que el género no solamente sería intercambiable, sino que no importaría más.  Además, Rubin defiende que, si los papeles tradicionales de género se construyen socialmente, entonces también es posible “deconstruirlos” (o destruirlos), y, por lo tanto, podemos eliminar la “sexualidad obligatoria y los roles sexuales” (es decir, ser varón o mujer), y crear “una sociedad andrógina y sin género (aunque no sin sexo), en la cual la anatomía sexual sea irrelevante con respecto a lo que cada uno sea, o haga, o con quien mantenga relaciones sexuales.”[3]

Nótese que, hasta el momento, no hay ningún científico o experto en medicina psiquiátrica entre aquellos que acuñaron y definieron estos términos…

 En 1978, las profesoras de psicología Suzanne Kessler y Wendy McKenna publicaron el libro Género: un enfoque etnometodológico. En el mismo, defendían la idea de que “el género es una construcción social; es decir, un mundo de dos ‘sexos’ es el resultado de los métodos compartidos y asumidos por una sociedad, y que sus miembros utilizan para construir la realidad.”[4]

En 1991, la socióloga marxista Kimberlé Crenshaw propuso nuevamente la teoría de género y acuñó el término “interseccionalidad”. Tomando elementos del marxismo, especialmente la idea de opresión, Crenshaw describió cómo las distintas formas de opresión se intersectan y encuentran presentes en un mismo individuo, como por ejemplo el ser mujer, negra, lesbiana y activista LGBT: mientras más categorías se encuentren presentes, más oprimido el individuo.[5]

Judith Butler, filósofa y activista lesbiana, fue más allá, y argumentó que el género y el sexo biológico son dos cosas separadas. Para Butler, el género es algo que se actúa; es decir, si me identifico y decido actuar como mujer, hombre, lesbiana o transexual, me constituyo como tal, porque es el sujeto quien decide por la acción su propia identidad de género. Es así que en sus obras Problemas de género: El feminismo y la subversión de la identidad (1990)[6] y Deshaciendo el género (2004),[7] Butler introduce lo que ella describe como “teoría de la actuación”. Según esta teoría, ella sostiene que nadie es hombre o mujer, no es algo que uno sea; por el contrario, es algo que se hace, se construye. Butler afirma: “El género no es el resultado causal del sexo, ni es algo tan aparentemente fijo como el sexo.”[8] Para ella, el género es más bien como un estatus que se construye y el cual es radicalmente independiente de la biología o los rasgos corporales, “un artificio libre y a la deriva, con la consecuencia de que hombre y masculino podría, con la misma facilidad, designar un cuerpo tanto femenino como masculino, y mujer y femenino, designar un cuerpo masculino con la misma facilidad que uno femenino.”[9]

Es así que la influencia combinada de Crenshaw y Butler se convertiría en el fundamento de la lucha por los derechos “trans” como parte fundamental del feminismo interseccional. Los medios tampoco son ajenos a esta revolución cultural, por la cual el género y la identidad de género es flexible y no binaria (varón y mujer), sino que se manifiesta en multitud de formas. Facebook, por ejemplo, incluye 71 géneros para elegir (¡y la lista crece cada vez más!).[10] De esta manera, según Facebook, el usuario se siente “cómodo con su verdadero y auténtico yo,” ya que esto significa “expresar el género”…[11] Estas opciones incluyen el clásico hombre y mujer, más el agénero, andrógino, diversas variantes de cisgénero y transgenero, transexual, intersexual, género fluído, género cuestionado, ninguno, otro, neutro, pangénero, dos espíritus (entre ser humano y alguna combinación animal o vegetal), y muchos, muchos más… ¡Vaya que adónde quedó la ciencia!

No hay que subestimar, entonces, a la filosofía feminista, ya que ha tenido una influencia enorme en este nuevo modo de concebir al ser humano, por más errado que sea. Filósofas como Judith Butler son la razón por la que esta cantidad de términos respectivos al género se multipliquen y sus significados adquieran tanta popularidad.

Sin embargo, a medida que estos términos se multiplican y sus significados adquieren mayor particularidad, vamos perdiendo de vista un conjunto de criterios comunes para definir lo que significa el género. Cómo afirma el gran psiquiatra Paul McHugh, “si el género está completamente desligado del binario del sexo biológico, entonces el género podría hacer referencia a cualquier diferencia de comportamientos, atributos biológicos o rasgos psicológicos, y cada persona podría tener entonces un género definido por la combinación única de características que posee.”[12] El resultado serían miles de millones de géneros… Ellos plantean esta reducción al absurdo para demostrar que, al definir el género de forma tan amplia y sin tener en cuenta a la biología, ésto conduce a la larga a una definición de género carente de significado.

¿Perspectiva de género? No gracias, señorita. Si quiere enseñar educación sexual, estudie las ciencias respecivas.

®Pablo Munoz Iturrieta

[1] Cf. Oakley, Ann, Sex, gender, and society, Towards a new society, New York, Harper, 1972.

[2] Rubin, Gayle, The Traffic in Women: Notes on the “Political Economy” of Sex, en Toward an Anthropology of Women, ed. Rayna R. Reiter, New York, Monthly Review Press, 1975, p. 179.

[3] Ibid., p. 204.

[4] Kessler, Suzanne J. y Wendy McKenna, Gender: An Ethnomethodological Approach, Chicago, University of Chicago Press, 1985, p. vii.

[5] Cf. Crenshaw, Kimberle, Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics, and Violence against Women of Color, Stanford Law Review, 1991, 43, no. 6, pp. 1241-1299.

[6] Cf. Butler, Judith, Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity, New York, Routledge, 1990.

[7] Cf. Undoing Gender, New York, Routledge, 2004.

[8] Gender Trouble, p. 7.

[9] Ibid., p. 6.

[10] Cf. Williams, Rhiannon, Facebook’s 71 gender options come to UK users, The Telegraph 27 Jun, 2014.

[11] https://www.facebook.com/facebookdiversity/

[12] Mayer, Lawrence S. y Paul R. McHugh, Sexuality and Gender, The New Atlantis, 2016, 50, 88.

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El presente artículo está basado en mi próximo libro “Ideología de género y educación sexual”, el cual está basado en más de 800 artículos científicos sobre el tema. Los expertos consultados se cuentan entre las autoridades más importantes en el mundo científico en los campos de la genética, psiquiatría, endocrinología, epidemiología, epidemiología psiquiátrica, neurología, neuroinmunología, genética, biología, pediatría, medicina interna, y sociología. También han sido consultados multitudes de personas víctimas de la ideología de género, y sus testimonios trágicos verán por primera vez la luz en estas páginas. A ellos y sus familias van dedicadas estas páginas, porque debemos encontrar un camino para aliviar su sufrimiento.

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