La parábola del fariseo y el publicano

Muchos tendrán la bendición de cada fin de semana escuchar una prédica cargada de enseñanza, esperanza, guía para nuestros pasos en esta tierra. Pero muchos otros, como en bastantes lugares aquí en Canadá, escuchamos que el infierno no existe, que Dios es trans, que el aborto es un derecho, que el cristianismo es la “tolerancia”, lo cual nos tiene que llevar a aceptar y abrazar toda orientación sexual e identidad de género, el derecho de la mujer a hacer con su cuerpo lo que quiera y otras tantas barbaridades, incluido el “Dios no existe” del “post cristianismo”… Escuchar un sermón aburrido ya es un martirio, así que imagínense escuchar a un hereje… la sangre hierve. Por el oído entra la fe dijo el Apóstol (Rom 10, 8), pero por el oído también entra el error, el engaño, la perdición. Pobres de aquellos que no tienen quién les predique, pero más pobres aún aquellos a quienes se les predica mal… Fue así que, en vez de escuchar con el oído, me dispuse a escuchar con el alma. Será que Dios ya de niño me dio la oportunidad de escuchar la verdad, por lo que decidí remar mar adentro y escuchar la voz del Espíritu que sopla en el interior de cada uno. Y esto les quiero compartir.

fariseo y publicanoQuiero comenzar con una parábola oportuna, la del fariseo y el publicano. Los ejemplos de Cristo están cargados de ejemplos situados en los extremos y que resaltan la condición humana: el juez injusto y la viuda insistente, el hijo fiel y el hijo pródigo que derrocha todo en una vida pecaminosa, el trigo y la cizaña, la ciudad sobre la montaña y la lámpara escondida bajo la mesa, el fariseo y el publicano… Fariseo no era un término despectivo en la época. No fue hasta que Cristo dijo “haced lo que dicen, pero no lo que hacen, porque no practican lo que predican” (Mt 23, 3), que se convirtieron en un ejemplo máxime de la corrupción religiosa. Es decir, Cristo nos dice que el fariseo orando al frente del templo estaba mintiendo. Posiblemente no hacía nada de lo que decía. Y, por otra parte, el publicano decía la verdad: “Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. La contraposición entre el fariseo y el publicano era la oposición entre la mentira y la verdad. Cuando ores, no mientas, se siempre fiel a la verdad, porque no mientes a nadie más que a ti mismo.

Recuerdo haber leído en “Las moradas” de la gran Teresa de Ávila decir: “La humildad es caminar en la verdad”. ¿Cuál es la relación entre verdad y humildad? Que la humildad verdadera consiste en reconocer que no somos nada más que pecado. ¿Y lo bueno que podamos tener? No son más que gracias y dones que Dios nos presta para poder seguir el camino recto. Son como herramientas prestadas y de las cuales vamos a tener que rendir cuentas. Es como la parábola del talento: el hombre castiga al servidor que esconde el único talento que tiene, pero premia al que usa de esos bienes para dar fruto. Es una responsabilidad muy grande que carga sobre nuestros hombros. ¿Cómo uso de los bienes espirituales que Dios me presta? Nada es mío, nada. Hasta el conocimiento Dios ha puesto en mi camino para encaminarme en el bien, guiar a otros, y con la ayuda de Dios llegar a buen término. Por eso el publicano jamás juzga fariseo, pero el fariseo sí juzga al pecador: “Te doy gracias porque no soy como los demás hombres”. La soberbia es tan grande que el mero nombre de “fariseo” es lo peor que se pueda decir de un creyente. Debemos siempre caminar en la verdad, y la verdad es que no somos nada.

Esta parábola, por lo tanto, es una profunda parábola sobre la oración: debemos orar con humildad, es decir, con verdad, y debemos caminar conscientes de esta verdad todas nuestras vidas. Alrededor nuestro vamos a encontrarnos con cantidad de gente que nunca recibieron o incluso rechazaron esos “bienes”: pro aborto, pro ideología de género, feministas, comunistas, postmodernistas, gente perdida y enferma por el virus intelectual de nuestros días. Ahí tal vez nos percatamos cuántas veces habremos dicho: “Te doy gracias porque no soy como los demás hombres”… Cuando en realidad tendría que haber sido un: “Te doy gracias porque aunque soy como los demás hombres, has tenido piedad de mí y me ayudas con tu gracia y tus dones para no caer en lo más profundo”. Solo esto nos va a motivar a no solamente defender la vida, luchar contra la ideología de género, defender los valores, sino también salir a buscar la oveja perdida y en vez de esquilarla con nuestras acciones, tenderle la mano que tanto necesita.

Un gran libro que leí hace muchos años y que recomiendo encarecidamente es “Historia de un alma”, de Santa Teresita del Niño Jesús. En ese libro ella propone la “infancia espiritual”, o lo que podríamos llamar: “la espiritualidad del publicano”. En otro libro sobre sus “Últimas conversaciones” explica de modo magistral en qué consiste esta infancia espiritual propia del publicano que camina y ora en la verdad: “Es reconocer nuestra nada, es esperar todo de Dios como un niño pequeño espera todo de su padre… Ser pequeño significa no atribuirse a uno mismo las virtudes que uno practica, creyéndose capaz de cualquier cosa, sino reconocer que Dios pone este tesoro en las manos de su pequeño hijo para ser usado cuando sea necesario; pero sigue siendo siempre el tesoro de Dios. Finalmente, significa no desanimarse por las faltas de uno, ya que los niños se caen con frecuencia, pero como son demasiado pequeños nunca se lastiman demasiado”.

Que les sea de provecho.

©Pablo Muñoz Iturrieta 2019

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7 Comentarios

  1. Muy interesante las palabras proféticas
    Gracias. un lindo día.
    ATT
    Bedi

    Enviado desde Outlook

    ________________________________

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  2. Es un gusto poder leer a personas como usted, congruente con la verdad de nuestra fe aplicándolo a la terrible actualidad que se vive. Que Dios nos ayude y el ES siga iluminando nuestro entendimiento para poder ser luz para otros que desean rectificar. Un saludo grande ! Que Dios le siga llenando de bendiciones!

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  3. Gracias por esta luz a mi corazón. El Padre viene hablándome sobre esto hace tiempo. Pero qué dificil es tener el corazón de un niño como nos lo pide nuestro Maestro. Es un trabajo diario.

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