No perdamos nunca la “Esperanza”

Con motivo de la muerte de Esperanza, la bebé cuyo parto fue innecesariamente adelantado con tan solo 6 meses de gestación, a pedido del nefasto Gobernador de Jujuy Gerardo Morales para cumplir una “inicua ley de interrupción del embarazo”, expresamos nuestro total y más enérgico repudio a esta intromisión que costó la vida de la bebé mas querida y llorada de la Argentina. La muerte del inocente clama al Cielo.

En esta vida no nos podemos mover o dirigir a ningún lado a menos que tengamos un objetivo claro. Nuestros ojos siempre apuntan hacia aquello que nos interesa, lo que buscamos, lo que deseamos. Esto se manifiesta también anatómica y fisiológicamente, ya que nuestro cerebro está ubicado detrás de los ojos (que son frontales) y comandando una estructura cazadora y recolectora, como lo es el caso del cuerpo humano. Todo nuestro obrar se dirige a un objetivo y cuando fallamos, nos desviamos del camino y, como consecuencia, del objetivo final. Ese desviarse del objetivo final es lo que los griegos llamaban “pecado” (ἁμαρτία) y que la civilización occidental empleó para referirse a las acciones que nos desvían del objetivo último: la vida eterna.   

Esto quiere decir que, para caminar correctamente en esta vida, hay que trazar un plan, o más bien “descubrir” ese plan que la Providencia traza para cada uno de nosotros. Cuando una nación, institución o familia no tiene plan, la vida se vuelve un caos. Y el caos es peligroso, muy peligroso, ya que para sostenerse como pretendido “orden” se usa de la mentira y de la manipulación. La tendencia natural del ser humano, debido a su racionalidad, es buscar el orden, ya que solo el orden trae consigo paz y tranquilidad. Y por eso rechazamos el caos y buscamos escapar de él.  

Para el cristiano, Dios en su Providencia le ha infundido un orden a todo el universo, un plan que debemos respetar. Todo psicólogo y psiquiatra notará inmediatamente que la razón primera por la que sus pacientes cruzan el umbral de su consultorio es una forma de caos, ya sea caos interior, psicológico, emocional. Si tuviésemos que resumir los principios psicológicos de una vida humana completa, no podemos dejar de pensar en reglas como los Diez Mandamientos, o “diez reglas para una vida feliz”… El gran psicólogo Jordan B. Peterson ha afirmado cuantiosas veces que el 90% de sus pacientes no venían a verlo por problemas de orden psicológico, sino porque se habían metido en grandes problemas. Con gran sabiduría él afirma que estos problemas se hubieran evitado si estas personas hubiesen seguido el modelo que Cristo propuso en los evangelios, es decir, la imitación de Cristo o “el modo de realizarse completamente como ser humano según los evangelios”. Es por eso que Cristo es el arquetipo supremo de lo que significa ser “humano”: “Y estaban tan maravillados que decían: Todo lo ha hecho bien” (Marcos 7:37).[1] El cristianismo, de hecho, no se propagó por la fuerza (como el islam o el comunismo), sino por la fuerza del ejemplo de Cristo, cuya vida dio orden y significado a nuestras vidas. Y el ser humano está sediento de orden (un plan) y significado para la propia vida. El gran Viktor Frankl lo demostró ampliamente desde el punto de vista psicológico.

Ahora bien, volvamos a la “Esperanza”, que está todo relacionado… Como seres humanos nos encontramos simultáneamente en el punto de partida (el cual nunca nos satisface) y en movimiento hacia el punto final (el cual percibimos como mejor que nuestro estado actual). Esta es la razón por la cual siempre encontramos al mundo en un estado de insuficiencia y desorden. Hay algo que falta y por lo tanto buscamos corregirlo. Vivimos imaginando nuevos modos para enderezar las cosas y mejorarlas. El nuestro es un contexto en el que al presente siempre le falta algo y el futuro siempre parece como una mejor opción. Por eso es que actuamos. Pero para poder actuar correctamente, debemos encontrar un orden, tener prioridades, tal como decir: “Hay que apuntar al Cielo, pero concentrarse en el ahora mismo”. Esa perspectiva nos dará un gran enfoque, porque nos ayudará a discernir nuestras acciones presentes en vistas a un futuro mejor.

El problema es que en esta vida el “presente” se puede volver insufrible, intolerable, especialmente con tantas leyes inicuas que destruyen la dignidad del ser humano. Y podemos perder la esperanza y contagiarnos del caos espiritual y social de este mundo. ¿Cómo mantenerse de pie sin desvanecer? Acá va una ayuda. El futuro es como el pasado, con la diferencia que el pasado es un hecho fijo y el futuro puede ser mejor. El presente, por otra parte, es siempre deficiente y nos deja con gusto a más. Tal vez nuestro país se encuentra en una situación moral y espiritual tan grave que no sabemos por dónde empezar. Pero, para empezar, lo que realmente importa no es tanto el dónde empezar, sino la dirección hacia la que apuntamos.[2] Es esa dirección la que nos da esperanza: “Hay que apuntar al Cielo, pero concentrarse en el ahora mismo”. Esa es la lección que tal vez Dios nos quiso dar con la Esperanza jujeña. Ella, víctima inocente de la iniquidad humana, nos dice con su muerte: no importa dónde estamos ahora, apuntemos hacia lo alto y, para remarcarlo, Dios me trajo aquí para que no pierdan el objetivo.

El cambio comienza con nuestras vidas. Ese es el “dónde”. ¿Hay algo en nuestras vidas que está desordenado? ¿Hay alguna situación que podemos enderezar y mejorar? ¿Puedes arreglar esa cosa que tu interior humildemente te pide que mejores? Si ponemos en orden nuestro interior, tal vez podamos hacerlo por nuestra sociedad y nuestro país, cualquiera sea.

El diluvio siempre está casi encima nuestro. La noción de que todo finalmente se acabará está siempre pendiente. Es por eso que la historia del Arca de Noé y del Apocalipsis son arquetipos que nunca perderán actualidad. Todo acaba finalmente. Pero muchas veces parece que acaba ahora mismo, cuando todo se vuelve caos e incertidumbre. En esos momentos solo quedan el carácter que hemos forjado y las virtudes que hemos desarrollado gracias a tener la mirada puesta en un objetivo claro y elevado. Si llega una crisis y no lo hicimos, que Dios nos ayude…

Que la muerte de Esperanza no sea en vano. De todo mal, Dios saca bienes mayores (Romanos 8, 28).

©Pablo Muñoz Iturrieta 2019

[1] Nestle, Eberhard, Erwin Nestle, Kurt Aland et al. Novum testamentum Graece, 27th rev. ed., Stuttgart, Deutsche Bibelgesellschaft, 1996, p. 113. El texto completo del v. 37 en griego dice: “καὶ ὑπερπερισσῶς ἐξεπλήσσοντο λέγοντες · Καλῶς πάντα πεποίηκεν, καὶ τοὺς κωφοὺς ποιεῖ ἀκούειν καὶ ἀλάλους λαλεῖν.”

[2] Cf. Peterson, Jordan B. 12 Rules for Life: An Antidote to Chaos, 2018, p. 94.

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2 Comentarios

  1. Gracias por ser tan claro y tener siempre presente a nuestra Esperanza, Jesús es el camino, la verdad y la vida. Dios nos ayude a que todos busquemos en El el verdadero camino.

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