Una Navidad ¿pagana?

Siempre me causa gracia que hasta los más acérrimos enemigos de Cristo celebran la navidad, es decir, el nacimiento del que sin duda es el personaje más importante de la historia de la humanidad (nos guste o no nos guste, es un hecho).

Hace años, cuando tenía unos 13 años, leí una de las descripciones más vívidas de esa navidad sin Cristo. No recuero el autor, pero sí recuerdo que en un modo descriptivo inigualable transmitía todos los sentimientos de tristeza y desesperación que viven las familias que han perdido el sentido verdadero de la historia. En la Francia de esa época todos celebraban la navidad. Su familia atea y de origen judío se sentaba a la mesa como toda otra familia. Preparaban una comida espléndida, sacaban los candelabros y cenaban a la luz de las velas. Pero faltaba una cosa: la alegría y sentido de la navidad. La cena era sombría, y ninguno de los niños podía hablar, simplemente porque era navidad, y como judíos y ateos no la podían celebrar. El pobre autor recordaba cómo detestaba esa noche santa. Era la más triste, la más larga, la más penosa. Fuera, sonaban villancicos y los niños corrían alegremente. Ellos permanecían atrapados celebrando algo que sabían no podían celebrar. Y la tristeza los envolvía con cada minuto que pasaba. Y esa tristeza envolvió su alma y su vida entera hasta que abrazó la fe.

El mundo contemporáneo, con sus ideologías y desesperación, nos quiere empujar nuevamente a una navidad pagana, una navidad en el que nadie nace. Anoche recibí varios mensajes que simplemente decían: “Feliz nacimiento”. ¡Cuanta verdad! La navidad, sin ese nacimiento, carece de sentido. Y no sólo la Noche Santa queda desposeída de significado, sino también nuestra vida, nuestra historia, y nuestro ser.

El intento de volver a la navidad en una celebración pagana ha estado siempre latente. Ya lo intentó el emperador Aureliano un 25 de diciembre del año 274 cuando se percató de que su poderoso Imperio Romano se arrodillaba ante el niño nacido en un pesebre. Con ese fin, instituyó el festival pagano del “Nacimiento del Sol Invicto”, para así obligar a todos a adorar un nuevo “dios”. Los cristianos obviamente se negaron, lo que los llevó a dar “testimonio” (martirio en griego) de su fe en Cristo, el niño recién nacido. Muchos ignorantes tergiversan la historia, pretendiendo afirmar que la Navidad reemplazó un festival pagano, cuando en realidad fue ¡exactamente lo contrario! (Ver aquí el interesante estudio de William J. Tighe al respecto).

Ese intento de sacar el significado de la navidad continúa también en nuestros días de muchas formas. Se quiere borrar un hecho histórico, porque sólo así se podrá imponer una ideología mentirosa. En nuestros días, hemos sido testigos de cómo en todos los niveles de nuestra sociedad se trata de imponer una ideología extraña a la realidad y la verdad científica: la ideología de género. ¿Qué tiene que ver con la navidad? Mucho. Porque Cristo vino a librarnos no sólo del pecado sino también de la mentira. Del pecado nos libra con su gracia, de la mentira nos libra con la verdad. Es importante recordar esto, porque la herejía o gran mentira que se ha cernido sobre nuestra civilización con gran poder desde la revolución francesa es el comunismo. El comunismo como idea ha existido siempre en la historia de la humanidad, no tiene nada nuevo. La novedad consiste en las nuevas formas que toma en contextos históricos determinados. En nuestra época se manifiesta especialmente como “perspectiva” de género (ideología en verdad), indigenismo, colonización, y demás. Es por eso que al comunismo y todo su paraguas de ideologías se lo enfrenta con la verdad, y con nada más que ella.

Para todos aquellos que están justamente alarmados por esta imposición ideológica, Cristo vino también a destruir la ideología de género. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, dijo un día con una autoridad sin igual. Fuera de ese camino, están sólo la mentira y la muerte. No porque sí la ideología de género y la cultura de la muerte (aborto, eutanasia, anticoncepción) están íntimamente conectados, y son promovidos por una ideología totalitaria que en nombre de la igualdad y justicia social ha aniquilado a millones.

Cristo nos trajo la verdad, una verdad (a la cual llamamos fe cristiana) que toca todos los aspectos de nuestras vidas, sea material, social, económico, político, o cultural. Esta es una consecuencia inevitable porque Cristo fue verdadero hombre. Y como verdadero Dios, es Señor de la Historia. Por eso, estamos siendo testigos de una batalla no sólo temporal, sino eminentemente teológica. Nuestro consuelo es que detrás de todos los poderes que creen decidir nuestro futuro, se encuentra alguien a quien llamamos Providencia. y parte de ese plan providencial fue lo que llamamos la Encarnación: Cristo, verdadero Dios, se hizo verdadero hombre para librarnos del pecado y la mentira.

Si hacen un brindis bien merecido para festejar un hecho sin igual, recordemos que Cristo nació para salvarnos de todo mal, incluida la ideología de género.

¡Feliz Nacimiento de Cristo nuestro Salvador!

© Pablo Munoz Iturrieta 2018

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