Las mejores frases del “Maestro de América” Domingo Faustino Sarmiento

No sé si ocurre en toda la Argentina, pero a mi, siendo de San Juan, me martillaban en la escuela primaria que Sarmiento había sido el modelo de alumno: nunca había faltado a la escuela. “Pero si Sarmiento nunca fue a la escuela”, me atreví un día a responderle a la maestra. “No te enojes, me decía mi padre, las maestras que adoran a Sarmiento son unas incultas”… Al menos nunca habían leído a Sarmiento, como la gran mayoría de los que pregonan al “prócer” liberal argentino. Yo me tomé el tiempo, aunque por falta de método no iba anotando esas barbaridades que encontraba de tanto en tanto. Hasta que hace un par de años me encontré con un libro que las resumía todas. Al final les comparto las más memorables.

Barreal, San Juan

En la Pequeña Historia Argentina para uso de los niños, que aunque sea para niños para mi es un deleite, Anzoátegui tiene una frase que me calmó la conciencia (ahora les digo por qué): “Cuando los niños argentinos oyen pronunciar el nombre de ese liberal deben gritar «cruz diablo» si son menores de dos años y si son mayores deben decirle alguna palabra de esas que asustan tanto a los masones acomodados y a los políticos amariconados” (p. 79). Digo que me calmó la conciencia, porque en mi pueblo de Barreal, enclavado en las montañas de los Andes, era costumbre entre nosotros niños salvajes escupir el rostro del prócer cada vez que pasabamos por el frente al salir de la escuela… y en la época de petardos encajarle uno entre los labios… Si me lo preguntaban en esa época, no habría sabido decir por qué, era una especie de instinto natural que luego la lectura y el conocimiento me lo confirmaron.

Fuente: Enrique Díaz Araujo, Ensayos básicos, EDA, Buenos Aires, 2018, pp. 183ss (libro recomendadísimo). Al capítulo lo encontré ya tipeado en este sitio: Que no te la cuenten (también recomendadísimo).

FRASES CÉLEBRES DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO:

Su racismo y su postura sobre la raza nativa

“Si Sandez mata gente, cállense la boca. (los argentinos nativos) Son animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor” (D. F. Sarmiento a B. Mitre, por carta de W. Paunero, del 29 de julio de 1862).

“Somos (los argentinos) pobres hombres llenos de pretensiones y de inepcias, miserables pueblos ignorantes, inmorales y apenas en la infancia. Somos una raza bastarda que no ocupa sino que embaraza la tierra” (D. F. Sarmiento, Obras Completas, t. 52, p. 165).

“Se nos ocurre que la barbarie, lenguajes y medios de poder en la Argentina, la hacen descender a la condición de los pueblos más despreciables y atrasados de América” (D. F. Sarmiento, OC, t. 6, p. 414).

“Todos estamos de acuerdo en la laboriosidad del extranjero y la holgazanería del hijo del país, aptitud de uno e ineptitud de otro” (D. F. Sarmiento, OC, t. 36, p. 279).

“Ningún rasgo apetecible tenemos de carácter nacional, ni en sus instituciones, ni moral ni práctica gubernativa, ni tradiciones, ni costumbres si no son las de barbarie” (D. F. Sarmiento, OC, t. 23, p. 266).

“Amalgama de razas incapaces e impropias para la civilización ¡Qué habitudes de incuria, de aspiraciones limitadas, qué incapacidad absoluta para el trabajo, que horror para todo lo que pueda civilizar habitudes de incuria, de aspiraciones limitadas, qué incapacidad absoluta para el trabajo, qué horror para todo lo que pueda civilizar, que pertinacia en la ignorancia voluntaria!” (D. F. Sarmiento, OC, t. 11, p. 10).

“¡Qué chasco nos hemos dado con la inmigración extranjera! Estos gringos que hemos hecho venir son aliados naturales de todos los gobiernos ladrones… Lo más atrasado de Europa es lo primero que emigra… El labriego español, irlandés o francés” (D. F. Sarmiento, en carta a Posse, Epistolario, t. II, p. 566; en “El Censor”, del 12 de julio de 1887, y en “El Diario”, del 12 de setiembre de 1887).

“Hay en América dos partidos: el partido europeo y el partido americano… Traidores a la causa americana nos dicen todos. ¡Cierto! ¡Traidores, ésta es la palabra! Cierto decimos nosotros; traidores a la causa americana, española, absolutista, bárbara… a las tradiciones españolas y a la conciencia nacional, íntima, plebeya, que han dejado la Inquisición y el absolutismo hispano” (D. F. Sarmiento, Facundo).

Su opinión sobre España

“Aquellos que como yo, detestan todos sus antecedentes históricos y simbolizan en la España la tradición del envejecido mal de América… ¡Pueblos decrépitos, diría yo, vástagos podridos del viejo y podrido tronco! Tampoco en España viven hoy las bellas artes… tengo razón de creer que allí el pensamiento está muerto… Digo la verdad, un “vaudeville” me causa mayores sensaciones que el repertorio español antiguo y moderno… tan sin objeto son estos millares de versos y versificadores que produce la España, entre los cuales jamás se vio un Byron, ni Goethe, ni Lamartine, ni Beranger, ni nombre alguno que salga de la Península… España es la nación que menos puede pretender a nada suyo propio en materia de trabajos de la inteligencia, porque el atraso no es una civilización, ni produce una literatura… Por sus costumbres y su espíritu, el pueblo español es el pueblo más romano que existe hoy día. Todos sus males vienen de ahí… el español vive peleado irreconciliablemente con el agua… el destino extraño que parece haber regido en todos los tiempos a España, que no consiste en andar a remolque de las otras naciones, sino a destiempo… no tiene pintura sagrada ni profana… No hay estatuas en España ni antiguas ni modernas… Aquí no hay nada; nada hay en Sevilla… son como nosotros, atrasados, sin ciencia y sin artes… Ninguna industria se ha introducido en tres siglos… No hay marina nacional… No hay caminos… No hay educación popular… No hay grabadores… Opino porque se colonice a España; y ya lo han propuesto compañías belgas” (D. F. Sarmiento, Viajes, II).

“España es una raza atrofiada que no da esperanza de mejora… En tanto el cráneo de los norteamericanos se ha abovedado, el de los españoles se ha contraído… han perdido el hábito de ejercitar el cerebro… hay que abrirles la boca para hacerles tragar un libro” (D. F. Sarmiento, OC, t. 36, pp. 166-175, 204-237, 106-129, 255).

“Uno de los cargos que le hacemos es habernos hecho tan parecidos a ella… No podía parir otra cosa. Es como si un negro culpase a su madre negra de parirlo negro” (D. F. Sarmiento, OC, t. 37, p. 153; t. 2, p. 223).

Su postura ante el catolicismo 

“España se ha empobrecido por exceso de sacerdotes. Déjeme de ultramontanismo rancio. El sacerdote en América española se aferra a la intolerancia anticristiana. Dígase sin agravio de la cruz que llevaban al pecho los insignes malvados que la deshonraban.  En Córdoba: plantel de monjas, frailes, clérigos, universidades y seminarios para enseñar orgullo, insolencia, ignorantes por principios. ¿Qué remedio? Supresión de conventos y monasterios. Es preciso dar otros ideales al pueblo (D. F. Sarmiento, OC, t. 2, pp. 233, 278; t. 8, pp. 208, 269).

“El fanático, el supersticioso, el sacerdote embaucador, no es un hombre sino una depravación del hombre. La superstición excluye la humanidad. El catolicismo se ha vuelto una enfermedad frenética que tira mordisco al aire como perro con hidrofobia” (D. F. Sarmiento, OC, t. 2, pp. 387, 388).

“Los milagros son un cuento del tío, se hacen siempre entre gente rudas y ante chicuelos que suelen ser tan taimados como los que acompañan a los rateros en Lourdes. Dudoso es que Luján de más que para sanar un dolor de jaqueca o enderezar con bilmas una pierna quebrada. Los que concurren al santuario sólo logran divertirse” (D. F. Sarmiento, OC, t. 48, p. 405).

“La razón católica es la negación de la razón” (D. F. Sarmiento, OC, t. 52, p. 330).

“Los templos sepultan capitales, las escuelas siembran moralidad. Los masones son el más firme apoyo de los gobiernos” (D. F. Sarmiento, OC, t. 30, p. 240; t. 5, p. 267).

“¿Qué es la religión? Un cúmulo de necedades con olor a incienso. Tenemos a la iglesia católica en la más absoluta y completa impotencia. Ahí está el “Syllabus”, por fin, que parece un documento escrito en un momento de locura. El liberalismo, siendo contrario a la tradición de la iglesia, no admite que sea concebible un papa liberal; porque desde el momento que se hiciera la unión del liberalismo y de la iglesia, los fundamentos de ésta vendrían por tierra” (E. Wilde, OC, vol. XV, III, pp. 199, 192, 196).

“Empiezan a repugnar los milagros de los muertos y los extravíos histéricos de los profetas y de los doctores de la Iglesia, en que siguen comulgando los pobres de espíritu… treinta y dos generaciones de hombres transcurrieron bajo la era cristiana en la miseria, la ignorancia y la barbarie crónicas. Quedan en todo el plan de la redención cristiana, iniquidades morales… Los creyentes en las supersticiones católicas aclimatados desde la infancia a la fe en los fetiches y a su régimen de terrores y esperanzas ilusorias. Es que el mal de todas las religiones está en su esencia misma” (Agustín Álvarez, La transformación de las razas en América).

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